Avión de Papel, mayo de 2006
Entrevista de David González Torres.
PREGUNTA: ¿Cuáles son las influencias literarias de Muñoz Rengel? En el relato El Ojo, la Perla, las Esferas, de tu libro 88 MILL LANE, resuenan ecos de Jorge Luis Borges, esa manera de utilizar un género literario concreto como trama (en tu cuento es el género fantástico), para incrustar un mensaje filosófico en los últimos párrafos, como ocurre en El Aleph o en El jardín de senderos que se bifurcan.
RESPUESTA: Yo era borgesiano antes de conocer a Borges. O, por decirlo a su manera, acaso yo también sea Borges, y el que haya nacido en esta época y lugar no sea más que una casualidad. Creo que esta sensación la hemos tenido todos los que hemos leído a Borges y nos hemos identificado con él, y ahí radica su universalidad.
Este relato, en efecto, es un deliberado homenaje a Borges, con guiños claros, con frases concretas que imitan su forma de hablar, como “el entero universo”. No obstante, en el resto de mi obra me intento alejar de Borges, si bien, como sabes, mi formación es filosófica, y un rasgo sustancial de lo que escribo es que mis historias se construyen sobre ideas, las cuales, a pesar de la trama y la vida de los personajes, son siempre la esencia latente del relato. O mejor dicho: aunque haya un pequeño Borges de fondo, mi lenguaje se aleja de lo compacto y de lo erudito, y mis tramas tienden a diluir las ideas en formas más fluidas.
Quiero pensar que he diluido a Borges con otras influencias, como las de Cortázar, Melville, Chejov o Kafka entre los clásicos, y Bradbury, Leonard Michaels, Coraghessan Boyle, Bolaño o Monzó, entre los más actuales.
PREGUNTA: Tu cuento también está cargado de referencias filosóficas o metafísicas: el universo es un laberinto infinitesimal / (un universo) una forma puede contener otra, millones de veces mayor...
RESPUESTA: Sí, todas esas referencias están en La Perla..., lo que no quiere decir que yo crea en ellas como verdades filosóficas. También hay otras referencias presentes, como el relativismo (perceptivo, científico, moral), o la posibilidad de que todo sea distinto, de que seamos de una forma distinta o seamos los otros.
P: Al igual que Borges utiliza los objetos mágicos (un puñal, el manuscrito perdido, etc.), tú te decantas por una perla (objeto), pero avanzas con otro giro argumental: el ojo de un hombre (sujeto). ¿Es esta metáfora la esencia de tu relato: un hombre se suicida porque no puede soportar su mundo, su universo interior del que se siente responsable –una idea que rompe con los pilares del Humanismo-?
No sólo Borges, todos los cuentistas clásicos han utilizado siempre pequeños objetos para tejer sus relatos en torno a ellos. El relato corto necesita de pequeñas cosas para construirse de una forma definida: el álbum, el beso, el camaleón, la máscara, son por ejemplo algunos títulos de Chejov. En mi historia, me pareció interesante que el objeto pudiera ser una parte de uno de los protagonistas, una parte del cuerpo como nexo de unión entre el mundo exterior y el interior. De esta forma, se pueden alumbrar otros aspectos, como el perspectivismo y la limitación del conocimiento humano, o como el peso moral de cada uno de nuestros actos en una realidad en la que cada minúsculo movimiento tuviera un sentido.
P: ¿Por qué ese final tan abierto y sobrecogedor, donde el propio personaje narrador también se siente como si formara parte de otro minúsculo universo?
R: El giro del final del relato tiene un poco la misma intención que tuviera Jonathan Swift en Los viajes de Gulliver: no sólo podemos ser grandes, también pequeños, nuestros actos y nuestro mundo pueden ser a la vez trascendentales o nimios según desde qué perspectiva se miren. Ésa quizá sea la conclusión: como seres conscientes, tenemos que soportar a la vez nuestra absoluta importancia y nuestra absoluta levedad.
P: ¿Por qué no aparece la palabra esfera dentro del cuerpo del texto y sí en el título? ¿Es por esa sentencia borgesiana de que en toda adivinanza hay que omitir la respuesta?
R: No estaba pensando en Borges cuando le puse nombre al cuento. He sentido siempre predilección por esos títulos que te dicen una cosa antes de la lectura del texto, y otra después de haberlo leído. Sin conocer el relato, un título así puede significar cualquier cosa, sugiere, despista, queda abierto. Una vez leído el relato, si vuelves a reparar en el título te das cuenta de que no sólo un ojo o una perla podrían contener un universo, sino cualquier otra cosa más grande o más pequeña. Generalizo a "esferas" porque son símbolo de la perfección, de los planetas, y porque nuestro mundo –natural y artificial– está lleno de ellas.
PREGUNTA: ¿Cómo nació el argumento de La Perla, el Ojo, las Esferas?
RESPUESTA: No sabría precisar el momento justo en el que surge cada uno mis relatos, pero en este caso lo recuerdo con claridad. Estaba en una estación de Metro descubierta de una parte de Londres, que apenas conocía. Atravesaba la ciudad y me encontraba muy cansado.
Por deformación, no puedo evitar observar obsesivamente a la gente con la que me cruzo, y de repente, cuando un leve mareo me estaba venciendo, y la luz daba a la estación un aire anacrónico, reparé en un hombre enorme, de pelo blanco y grasiento, probablemente un homeless o un borracho (o ambas cosas), deslizándose entre mi cuerpo y la zanja del tren.
Cuando se volvió hacia mí puede ver, a escasos centímetros de distancia, que la pupila de uno de los ojos de aquel hombre estaba velada por una turbia membrana de un color celeste desvaído. Entonces sentí que aquel ojo pedía un relato.
Ése fue el instante en el que surgió La Perla, el Ojo, las Esferas, aunque el resto de las ideas que le dan forma al relato ya llevaban tiempo en mi mente.
PREGUNTA: Entremos en conceptos formales del relato. Como todo cuento fantástico, se debe apoyar en la verosimilitud como mezcolanza entre lo insólito y lo cotidiano. ¿Cómo consigues, creativamente hablando, que el relato sea creíble? ¿Optaste, por este motivo, por esa primera persona y por esos diálogos en los que los personajes relatan sus historias para que lleguen mejor al lector: que sean los personajes los que narren –como si se tratara de una narración oral- y no un narrador omnisciente puro?
RESPUESTA: El recurso de la voz narrativa en primera persona es fundamental para hacer creíble la historia que se va a contar, especialmente si es fantástica. Si se nos presenta un narrador normal, con sus dudas y sus problemas, con su vida corriente como cualquiera de nosotros, y se consigue que creamos en él, luego se convertirá en un testigo fiable de todo lo que le ocurra. Casi siempre que voy a acometer una historia en la que hay algún componente que roza lo extraordinario considero como opción más sólida, aunque no exclusiva, contarla en primera persona. Lo que sí es cierto es que el narrador omnisciente es algo que me da un cierto repelús, casi estético.
Quizá sea una manía, pero un narrador omnisciente me parece una impostura poco sutil, y hacer llamadas a, por ejemplo, ideas filosóficas desde la visión de ese narrador se me antoja trivial y fastidioso (se presta a caer en el monólogo y en la mera exposición de opiniones personales; las grandes ideas se deben mostrar como consecuencias de la trama, del acontecer de la historia y de la vida "real" de los personajes).
Por otro lado, hay otros elementos a tener en cuenta para disfrazar de verosimilitud una historia: el lenguaje no debe sacar al lector del contexto, no debe distraerlo con irregularidades ni manierismos; y los personajes que nos conducen por los hechos deben ser naturales, creíbles, ensamblados (como cuando montamos un collage) con pedazos de las personas que conocemos, y deben dar la sensación de venir de un sitio y de ir a otro, de estar allí antes de la historia, de tener vida propia independiente de la historia.
P: Háblanos de tu libro 88 MILL LANE. ¿Qué tienen en común esta colección de relatos? ¿Por qué Londres como escenario argumental? ¿Por ser ésta una metrópoli laberíntica, llena de pequeñas miniciudades concéntricas?
R: Las diez historias de 88 MILL LANE tienen mucho en común. Todas fueron escritas o concebidas en Londres y transcurren allí, pero no son todos mis relatos de Londres: de todos ellos, seleccioné sólo los que guardaban mayor afinidad en su estilo y en sus inquietudes, casi siempre de tendencia fantástica y de curiosidad metafísica.
En el prólogo del libro, Pablo De Santis sostiene que elegí Londres porque una ciudad extraña me permitía mejor imaginar en ella mis criaturas y sucesos imposibles. Yo no era consciente, pero cuanto más lo pienso más creo que tenía toda la razón. Además, hay otros motivos que la hacían la ciudad ideal para este conjunto de relatos.
Londres, como gran megalópolis, tiene muchas caras, y eso me permitió escoger de todas ellas las que más me interesaban: la victoriana cargada de gentlemen refinados, selectos clubes, morbo y misterio de Stevenson; la de aventura intelectual –a la vez que jocosa– de Chesterton; la de arquitecturas favorables al terror psicológico de Henry James; la policíaca, la neblinosa, la moderna y la cosmopolita. Me parecía de lo más sugerente combinar esa atmósfera del XIX que se desprende de sus mansiones y de toda la literatura anglosajona, con los nuevos elementos que la convierten en una de las ciudades más modernas, diversas y convulsas de Europa.
Nada más unir estas dos visiones en mi mente, las ideas más extravagantes comenzaban a desperezarse desde algún rincón oscuro de mi cerebro, y me abordaban sin miramientos allá donde estuviera. El resultado es un libro escrito desde el placer más lúdico, y que tiene por toda pretensión despertar las mismas sensaciones hedónicas en el lector.
P: ¿Cuál es tu próximo proyecto narrativo? ¿En qué está trabajando ahora Juan Jacinto Muñoz Rengel?
R: Nunca dejo de escribir relato corto. Es una suerte de vicio, siento como si hubiera puesto en marcha una máquina de fabricarlos y no supiera cómo pararla. Tienen la ventaja de que los puedes terminar en el lapso de unos días y que te dan una satisfacción más inmediata. Pero además intento combinar esto con otros proyectos.
Hace poco terminé una novela juvenil (que también transcurre en Londres, creo que ha sido mi adiós literario de la ciudad) que no sé dónde acabará. Y hace años que tengo entre manos el proyecto de una larga novela que con tono imaginativo transcurre en los Balcanes y el Mediterráneo del siglo XVI.