Periodista Digital, 11/08/2006
88 MILL LANE, GÓTICAMENTE DICKIANO. Blanca Vázquez Fernández
Marylebone, Oxford Circus, Hyde Park, Knightbridge, King´s Cross Station, la British Library, Camden Town, poblaciones como Oxford, mil y un rincones donde hemos desgastado repetidamente la suela de nuestro calzado todos los que hemos vivido y nos hemos sentido acogidos por el regazo de la inmensa y gran “mama” Londres, cuya hermosura grisácea sobrecoge. 88 Mill Lane transmite su esencia, sobrevolamos de nuevo a esos escenarios de sobra conocidos, aunque lo hacemos con una mirada nueva. Algo así como si volviéramos a recorrerlos, pero un poco, ¿cómo diría yo?, colocados. Porque este libro de relatos del malagueño Juan J. Muñoz Rengel (1974) nos hace entrar por la puerta de lo real, para acabar desembocando en lo irreal, la zona CF (ciencia ficción tan poco abordada por narradores y cuentistas).
No es un Philip K. Dick, pero si prosigue en ascenso el camino que ha emprendido, pronto estará a las puertas del mismísimo maestro.
Fue ganador del 1er Premio Relatos para leer en el autobús 2005 (original iniciativa convocada por los Ayuntamientos de Málaga, Córdoba y Granada) con su historia “El pescador de esponjas”. Tanto este texto cómo los otros diez con que nos regala el autor en su libro constituyen un enriquecedor entretenimiento para leer en el autobús, en el metro, en la playa o en casa tomando el té de la tarde, para complementar la fragancia británica del volumen.
Prosa fresca, de generación X, crujiente. Ideas soñadas en noches de tormenta de verano o de invierno, pesadillas suaves y sorprendentes. Boquiabiertos nos quedamos con algunas (“...Ella estaba desnuda, yo le acariciaba el pelo, ella sonreía, o eso creí notar, yo le empecé a explorar el cuerpo, le puse una mano sobre un muslo tibio y suave, con la otra rodeé su cuello y alcancé su espalda, tersa, extensa, con una tercera mano aferré su pecho izquierdo. El terror glacial que se prendió en mi estómago cuando advertí una tercera mano propia me despertó de inmediato, pero ya era tarde, y cuando encendí la luz comprobé que ya existía todo lo que había estado soñando...”).
Divertimento y narrativa nueva. ¡Me lo quedo! se ha hecho ya un hueco en mi biblioteca, porque además de mis adorados clásicos y dinosaurios, me gusta la sabia nueva. Y Muñoz Rengel promete, aunque le falte madurez literaria, (que todo se andará) y su limpio castellano ofrezca en ocasiones un matiz extranjerizado, que le da una impronta muy personal.
Colección prologada por Pablo De Santis se inaugura con el relato Los habituales de La Brioche, hall de entrada a los otros cuentos o los otros sueños sería más exacto decir, donde explica el proceso creativo de estas y otras historias a través de la observación detallada a variopintos personajes. Tal vez fuera en La Brioche donde Muñoz Rengel imaginara o soñara sus cuentos.
Imaginen, por un momento, que lo que sueñen se convierta en realidad ("El ojo en la mano”), o una sociedad de alta alcurnia londinense donde sus socios sueñan que pueden ser el otro, y tienen poder especial para estar dentro de otra persona, personas que viven varias vidas (“La sociedad secreta del sueño”), o una marquesa que vive en varios siglos, cumpliendo con su inmortalidad regalada (“La Marquesa de Siete Iglesias”), o el papel que juegan las astas de un toro en la decisión del zorro de Franco de acabar con sus dos rivales Sanjurjo y Mola (“Las dos navajas”), o el fantástico bestiario escondido en el sótano del Zoo londinense, sueño acariciado por todo niño (“Bestiario secreto en el London Zoo”)... y así de sobresalto en sobresalto vamos asimilando este exceso de fantasía.
Todos los relatos aquí contenidos han sido galardonados con premios nacionales e internacionales, entre los que destaca el Fernando Quiñones, el Julio Cortázar de Cuba, el Miguel de Unamuno, Hucha de Oro, o La Felguera, además del ya mencionado premio de Relatos para leer en el autobús.
Creo que Juan Jacinto Muñoz Rengel tiene mucha imaginaria vida narrativa por descubrirnos de la que no deseamos que despierte.